miércoles, 9 de agosto de 2017

El Norte de repente.

Recobrar,
agua que irrumpe
en las esquinas del día,
espumeante y fiera,
palpando las paredes
del molde cotidiano.

Son más fáciles de evitar
las escaleras automáticas:
sus pulidos dientes
de madre consentidora
devienen insulto pueril
a la memoria de los acantilados.

No hay roce de helecho
ni arcaico siseo de roble
en el subsuelo de Madrid.
No hay sudor de hiedra
ni el crujir de los pasos
en la memoria de las acículas,
ni túmulos milenarios
en la hora punta del todo a cien,
de las conversaciones apresuradas
entre humos y codazos
en el tiempo del café.

Un vagón es un ataúd,
bosquejo de campo de concentración.

La memoria se rearma con aromas
de yodo, caracola y humus,
de fango y arrullo de arroyo
que se descuelga por líquenes
y fresco musgo.

La memoria es niebla que transporta
relinchos, valles, un lejano balido.

La memoria, llena de verde,
rescata el cuerpo de esta cárcel
de óxido y ruido,
asfalto y pez,
y ofrece licor de esmeraldas y tierra
que nos conduce, devoto y primigenio,
a la cordura y al saber parar a tiempo.

(Madrid, 2010)

domingo, 30 de julio de 2017

Afueras del desplome

Molestísima sinestesia,
oleaje en el vientre,
la nube de mierda sobre Madrid,
repugnantes graves surgen
del coche tuneado del lumpen.
La ciudad termina en cascadas,
la periferia son fichas de dominó
que caen coordinadas.
Los barrios se desploman
sobre vertederos, chabolas
y torres de alta tensión.
A dos ruedas navegamos,
esquivando estos restos
de naufragio.

viernes, 28 de julio de 2017

Madrugada en hospital

El pasillo es gélido,
incluso en la noche de julio.
Luz de leche verde…
luz de madrugada.
Linóleo espejo, ventanas
que nunca abren del todo,
nunca ignorarán caídas.

Los viejos terminan,
globos que deshinchándose insuflan
en semilla final su tiempo
a quienes los suceden.
Como fascinados espectadores
de la última gorgona,
extáticos contemplan
—boca abierta en grito ausente
constelaciones en el falso techo; sus venas de bebé gastado
amamantándose del gotero.

Mujeres de otras tierras cubren
los vacíos de una familia atomizada
por la modernidad más roída de tiempo.

Pasillos recorridos por naves atlánticas,
veleros de sábanas y pañales.
Al timón personas de amable acero,
Con un "tranquila, cariño, reina"
siempre dispuesto como yesca en sus cañones,
en la guerra del mercado contra las personas.

Pasillos de hospital,
exhibiciones de arte que se desvanece,
relatos en busca de escriba,
heroínas de silenciosos matriarcados,
pinceladas de segundero,
elipse sobre la memoria,
una puesta de sol en cada cama,
una canción que no quiero triste,
traqueteo bronco de laringes gastadas,
palabras ya sin control,
a veces negando el aire,
a veces negando al hijo.

Una isla en el océano,
café de mala calidad.

Quisiera escuchar modulaciones de cetáceo
en los desvaríos de una mente
que teme la última noche,
que aferra las barras de la cama
queriendo atravesar el terremoto,
esta violenta tormenta de verano
que hace volar neuronas,
que moviliza a tres enfermeras,
que no consigue mudar a despedida...

...que siempre pondrá rumor
a las fotos del salón,
a las esquinas de aquel piso
de las meriendas de la infancia,
de la propina del domingo,
de la tortilla de patatas perfecta,
el correteo estival por las calles del pueblo,
las fiestas del santo,
las historias de fantasmas
a medianoche en la puerta
de la iglesia románica.

Las más hermosas esculturas
postradas en la planta cuarta, en su pátina exhausta,
viendo colores ya nuevos.

El cuerpo traidor no obstante
insiste en abrir pozos
y el hedor consigue firmar un pasaje
que a todos espera.

La ciudad de madrugada
flexiona su reserva de cuerpos,
sonríe porque nos conoce.
Delicada y noctámbula,
su mano nos deposita
en camas de hospital,
donde una luz única,
verde de leche,
comprobará el suero,
nos cambiará el pañal,

nos cerrará los ojos.

miércoles, 19 de julio de 2017

2 piececitas

Operaciones policiales
Montajes policiales,
con muertos si se terciaba,
cuando el miedo podía
cambiar de bando.
Montajes policiales,
por palabras inocuas,
cuando el miedo decidió
no cambiar nada,
con esa resistencia a las mudanzas
propia de los gatos.



Autovías desde la ventana de un hospital a las cuatro de la mañana.

Qué molestas las autovías
vacías en la noche,
coloreadas sólo
con la acuarela ocasional,
marina,
de un coche de nacionales.
Qué molestas,
pues en el calor y el día
exceden los límites del aire y el sol,
cleptómanas del latir de la hierba.
Qué molesto su silencio,
artificial y forzado,
dictador de la noche y el calendario,
ladronas del estío,
vigas del absurdo humano.

martes, 11 de julio de 2017

Recuperarse

Hoy sobredosis de vida,
hoy soy ventrílocuo hasta el talón.
Un rompeolas en el enrejado
de mis costillas.
Insomne.
Lágrimas frente a una canción de madera,
conjurando tormentas en una librería.
Hallado un viejo dólmen
-pérdida resignada ayer-
más allá del vientre.
Todo es abrigo en exceso,
el mundo, aun lúgubre,
titiritero logra mi sonrisa.
Hay sindicalistas presos.
Hay un mañana.
Hay corcho en las bocas.
Diafragma epicentro.
Insomne.
Hoy la vida rozada,
yema de mi índice que ya conoce
el Norte.

Todos los "boom" terminan en "chof".

Veo tu poema, mosca de tinta
en la alta tapia del pliego.
Pienso así en bosques helados,
en rotondas y radiales,
que a veces inflan burbujas:
urbanismo de la poesía.

martes, 24 de enero de 2017

MISIÓN CUMPLIDA

MISIÓN CUMPLIDA

A veces no me importaría morir,
aquí y ahora,
tranquilo y satisfecho,
nervioso y pidiendo más.
Acunado en mi dentadura envejecida,
que trazó sonrisas e insultos
lanzados en otras latitudes,
frente a esquiroles,
sobre un escenario,
vomitando rabia en delegaciones de la ONU,
en países que ya no existen,
países deconstruidos en sangre
por las bombas democráticas de occidente.

Podría morir aquí. Ahora.

Y lo haría con más vida
-rebosante de rabia y de júbilo-
que un autocar de futbolistas multiventas.